domingo, 9 de noviembre de 2014

Porque los muros nunca duran, duraron, ni durarán...

Helmut Kohl frente a la Puerta de Brandenburgo
 Imagen propiedad del periódico Bild
La noche del 9 al 10 de noviembre de hace 25 años cayó un muro que se construyó en menos de 4hrs y separó 2 mundos, familias y formas de ver la vida, durante casi 3 décadas.

Fue un momento clave en la historia de Alemania, nadie hubiese imaginado que de un momento a otro ese muro que cruzaba Berlín y que tanta vergüenza causaba, se vendría abajo, y que tras él llegaría la ansiada libertad. Una libertad restringida durante demasiados años y que se ocultaba bajo excusas de índole político.

En mi causa admiración el empeño y el afán del pueblo alemán, durante el último siglo han pasado por momentos traumáticos, apogeos y caídas en picado de las cuales han sabido recuperarse como sociedad de una manera espectacular, quizás pocos países hubiesen sido capaces de llegar a un desarrollo tal, aunque esto quizás dependa del llamado "carácter alemán", ese que tantos disgustos ha causado en Europa, y en el que yo personalmente no creo...

Puede parecer que no tiene nada que ver, pero después de 25 años parece ser que la lección aún no ha sido aprendida. 25 años después, los políticos se empeñan en crear muros basándose en legitimidades perdidas gracias al incumplimiento de programas políticos; azuzando a ciudadanos en contra de sus propios hermanos con el único fin de ocultar y desviar la atención de los desfalcos y demás fechorías que están cometiendo contra los votantes, esos a los que dicen defender, pero a los que en realidad están estafando y tomando el pelo.

Culpables son ellos, pero más culpables somos nosotros por dejarnos engañar, por no tener la suficiente capacidad crítica y moral para ver lo que están haciendo, para ver que nos están manipulando; porque mientras nosotros estemos separados y luchemos por separado seremos débiles y ellos cada día más fuertes.

Pero la noche de hoy es fiel muestra de que los muros NUNCA duran, duraron, ni durarán para siempre, porque en toda historia hay un punto de inflexión en el que los protagonistas despiertan y luchan por tirar los muros impuestos por la tiranía con nocturnidad y alevosía. 

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