jueves, 11 de abril de 2013

Erase una vez el país del perdón...


      “Erase una vez un país en el que todos pedían perdón. Cada vez que descubrían que un individuo había llevado a cabo una mala acción todo se arreglaba pidiendo perdón, saliendo inmune del castigo correspondiente. Con respecto a esto, el país tenía una única regla: Pedir perdón solo les valdría a los poderosos, mientras que los pobres tendrían que afrontar todo el peso de la ley por menor que fuese el delito”

      ¿Os suena? A pesar de que es un país ficticio, refleja claramente el actual Estado español. No hay que irse muy lejos para encontrar ejemplos concretos:

  •  El rey con su, ya tradicional, “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”
  • Feijoo pidiendo perdón por sus fotos con el narcotraficante Dorado; al que SUPUESTAMENTE no conocía. Si claro, ¡ya!
     Estos son solo dos ejemplos, pero hay un largo etc.. Casualmente, todos ellos personajes relevantes dentro del gobierno de España, y casualmente a todos les han pillado. Ninguno ha pedido perdón por voluntad propia, sino porque han sido cazados (¡sí! Va con segundas) y han sido presionados, por parte de sus consejeros, a pedir perdón.  
       Particularmente, es una cosa que me hace mucha gracia esto de pedir perdón. Primero cometes el acto reprochable, cuando te pillan dices que los sientes y después todo queda olvidado y la herida curada. En ocasiones he llegado a creer que el perdón, de un personaje influyente, en España es como un bálsamo mágico que todo lo sana y nos hace olvidar el error cometido por la persona a perdonar.
Pero claro, luego está la otra cara de la moneda, el perdón por parte de los curritos, aquellos que no tienen ni poder,  ni grandes cantidades de dinero y mucho menos influencia. Si, esos que cuando son imputados en un caso de corrupción, no consiguen un trabajo, por obra del espíritu santo, en Qatar; país bonito y caluroso donde los haya, pero que casualmente no posee un tratado de extradición con España ¿coincidencia? ¡SEGURO!
          Volviendo a los curritos, como ya os decía, sus palabras de disculpa parecen no tener la misma validez que las palabras de los poderosos, o al menos eso nos hace pensar la justicia (bueno justicia por llamarlo de alguna manera, claro). Mientras que muchos de nuestros queridos políticos, familiares enchufados y demás listillo se lo llevan calentito en sobres o se lo guardan en bolsas de basura (que ya hay que ser chungo pa´ meter el dinero en bolsas de basura, lo podíais guardar en bolsas de Dolce & Gabbana, mucho más bonitas y glamurosas, que por dinero no será) y saca el dinero de España como quien saca un jamón de pata negra (a no, que eso te lo quitan en la aduana), bueno pues como quien saca a la abuela de paseo; y no les acaba pasando nada, estando a los dos días presidiendo alguna filial de banco o un consejo de alguna empresa de telefonía; el caso del currito es mas complejo, por hurtar una determinada cantidad de dinero (siempre mucho menor que la del poderoso) para comer, se verá obligado a entrar en prisión y cumplir una condena. No le servirá de nada el perdón que pida y las  muchas alegaciones que pueda hacer, como que tiene una familia a la que mantener o que estaba a punto de morir de hambre
          Y es que así nos va, mientras los poderosos roban y roban NUESTRO dinero; el pobre trabajador al que le quitan su vivienda porque le han echado del trabajo y tiene que robar en algún supermercado para sobrevivir, a ese si le meten en la cárcel y le aplican todo el peso de la ley.

         P.D. ¡Mucho ojo! con esta entrada no estoy defendiendo ningún tipo de robo, hurto o actividad delictiva.Se trata de reflejar los distintos puntos de vista de la justicia, y dar un claro ejemplo de como la utópica "justicia igual para todos" en nuestro país, es eso: UTOPÍA


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